Una recomendación tauromáquica: Sebastián Castella
Quisiera comenzar dejando claro que no soy yo un verdadero aficionado a la tauromaquia. No me conozco todos los toreros ni todos los pases de muleta ni distingo las plazas con sólo verlas. Esto no resta que, sin embargo, de vez en cuando me gusta disfrutar de una buena corrida. Pienso que, más allá de interesantes debates sobre la inmoralidad o no de esta práctica cultural, tan arraigada en la sociedad española, me parece un interesante espectáculo de valor y coreografía, de estética y pasión.
Dentro de este terreno, me ha sorprendido muchísimo la aparición de un nuevo torero, Sebastián Castella, francés de nacimiento que, con tan sólo veintitrés años está marcando una nueva manera de entender el toreo. Es su arte, elegante y dramático, arriesgado hasta la insensatez y tremendamente bello. Le oí decir recientemente en una entrevista que al toreo contemporáneo le faltaba romanticismo y, desde luego, él aporta ese aire de sombra y misterio, de poesía y magia, de valor y locura que tanto echábamos de menos.
No me alargo más y os dejo con una faena que he descargado del youtube que, aunque de pésima calidad, creo que muestra bastante bien porque me gusta este Capitán Harlock del toreo.
Dentro de este terreno, me ha sorprendido muchísimo la aparición de un nuevo torero, Sebastián Castella, francés de nacimiento que, con tan sólo veintitrés años está marcando una nueva manera de entender el toreo. Es su arte, elegante y dramático, arriesgado hasta la insensatez y tremendamente bello. Le oí decir recientemente en una entrevista que al toreo contemporáneo le faltaba romanticismo y, desde luego, él aporta ese aire de sombra y misterio, de poesía y magia, de valor y locura que tanto echábamos de menos.
No me alargo más y os dejo con una faena que he descargado del youtube que, aunque de pésima calidad, creo que muestra bastante bien porque me gusta este Capitán Harlock del toreo.

10 Comments:
Como siempre, Fabri, coincidimos a la perfección:
A mí tambien "me gusta disfrutar de una buena corrida"
Por lo demás, y sin caer en la trampa de "los derechos de los animales", sí que creo en "los deberes de los seres humanos" y creo que es de difícil justificación este tipo de eventos culturales innecesariamente necesarios.
Por lo que respecta a la defensa cultural de "la Fiesta" te diré que en Portugal no se mata al toro y se substituye el momento sangriento por algo que me parece más en boga con el leit-motiv del asusnto (a mi entender el dominio del hombre sobre la naturaleza).
Me refiero a esos 6 o 7 tios puestos en fila, invitando al toro a embestirlos, a ese primero de la fila acertando a meter su cintura entre los pitones y los demàs agarrándose todos para hacer caer al toro.
De igual a igual, compi. Lo de dorgarlos, asustarlos, clavarle hierros de diverso tipo y matarlos a fuego lento no me parece muy humano.
Y la humanidad se demuestra en los hechos de quien hace, no de quien recibe.
...
Y qué coño! que te voy a abrir un expediente que te vas a enterar! Al Quim vas!
Por cierto, acabo de observar, con estupor, que he escrito "innecesariamente necesarios"
Estoy mu mal, lo acepto.
Quería decir "innecesariamente 1 sangrientos"
Ja,ja,ja
Bueno, como puedes suponer la entrada tenía un poco de provocación. Bueno, un poco bastante. Debo reconocer que tengo una postura ambivalente con los toros. Me explico:
- Por un lado, coincido cointigo en que me parece detestable todo tipo de sufrimiento y tortura que se le pueda infligir a un animal, sea un toro o un gusano. Me parece más detestable aún que este sufrimiento sea objeto de disfrute público por lo que, en este sentido, se diría que estoy en contra de los toros.
El dilema moral se me plantea cuando pienso en que, como humano que soy, me alimento en parte de carne animal por lo que, aunque no lo veamos, la carne que comemos viene de animales también asesinados (nótese lo tramposo de la utilización del lenguaje: cuando a las vacas se les mata para alimentarnos se dice que son "sacrificadas" y cuando los toros mueren en la plaza -según para quién- son "torturados" y "asesinados").
Dicho esto, se me plantean dos opciones:
a- Soy totalmente coherente con mis creencias y mientras no me garanticen que los animales de los que me alimento son "sacrificados" de manera "digna" me alimento de tomates y cebollas (por otra parte, también seres vivos).
b- Soy totalmente coherente con los hechos y entiendo que, sin prejuicio de una defensa de los animales (en vida y en su sacrificio), yo me tengo que alimentar y parece lógico que parte de mi dieta se componga de carne animal por lo que debería asumir que tendrá en mi conciencia la muerte de muchos animales necesarios para alimentarme durante todo mi ciclo vital. Además -y esto es lo peor- deberé albergar también en mi conciencia el mal trato y las malas condiciones de vida que habrán sufido durante toda su existencia dichos animales durante su existencia. Desgraciadamente, la mayoría de huevos que nos comemos vienen de gallinas que no corren precisamente por amplias praderas si no más bien malviven en nichos con luces interminables hasta que mueren en una existencia que no se la desearía a mi peor enemigo.
- Por otra parte, debo reconocer que aunque la del toreo sea una tradición que reconozco anacrónico y en vías de extinción, me gusta ver de vez en cuando una faena. Me gusta la estética de los movimientos, de los pases, los pasodobles, el ambiente cutre y casposo. En cualquier caso, me consuela pensar (y aquí enlazo con la argumentación anterior) que para el pobre animal que suele morir en cada corrida dicho final viene precedido de una vida satisfactoria. A nadie se le escapa que el prestigio de las ganaderías es inversamente proporcional al resultado que den sus reses en la plaza por lo que a todo los sectores (ganaderos, torero y afición) les conviene que el toro se desarrollen en amplios espacios donde correr y fortalecerse, comiendo buena comida.
Con el sector antitaurino me parece un poco hipócrita la actitud de esas personas (no lo digo por tí) que critica los toros y luego se comen el marisco después de cocerlo en una olla vivo. Francamente, no sé que es peor.
En fin, un tema polémico y un debate interesante. Perdón por la extensión del comentario.
Esto de repasar los comentarios una vez publicados es un poco tonto pero siempre acabo haciendo lo mismo. Quería decir que el prestigio de las ganaderías es directamente proporcional al resultado de las reses en la plaza y no al revés.
Estimado Fabrizio, ese reducto de la izquierda sin complejos ni caso al talibán lechuguino. Que tendrán que ver los forcados portugueses con la suerte del toreo. Son dos cosas diferentes. Y sí, nadie puede negar el sufrimiento del toro, pero me parece que el amigo Tomaquil no conoce muy bien el substrato cultural de la vieja iberia y de allén de los mares para afirmar que este tipo de eventos son totalmente innecesarios.
La semana grande, las fiestas patronales y demás festejos de infinitos pueblos y ciudades no se entenderían sin la Fiesta. El toro como eje central entorno al cual se organiza los lugareños, paisanos y conocidos varios para disfrutar y hacer disfrutar a sus conciudadanos de las fiestas. Por ejemplos, las agrupaciones, cuadrillas o peñas, según el lugar, que desfilan en sus charangas por las calles de la localidad animando el cotarro para presenciar, todas las tardes de las fiestas, la corrida camino de la plaza; los mismos que aguantan los conciertos y las música de las peñas abiertas hasta el amanecer, la hora de los encierros; los mismos que en otros lugares organizan las calderetas del toro o la vaquilla para despedir las fiestas y de las que en fraternidad come todo el pueblo y un largo etc. El toro es el eje central sobre el que pibotan infinidad de fiestas populares, porque el toro no es solo la corrida: es la juerga en la plaza con las charangas y cuadrillas, son los encierros mañaneros, son las comidas populares, son los toros embolados de la noche, es la fiesta coorganizada por los ayuntamientos y las gentes, son las comisiones populares de fiestas que discuten sobre el cartel de ese año, son una infinidad de aspectos que conforman una identidad y un imaginario colectivo que no es ni de izquierda ni de derechas, simplemente es y con el que no podrán acabar intervenciones buenistas o ecoprogres de mala conciencia. Lo otro, la alternativa son las posmofiestas que te organiza el ayuntamiento posmoderno y políticamente correcto, y en las cuales el pasivo ciudadano consume lo que le echan al abrevadero de su ocio, si ser ni sentirse parte. Quizás a algunos les gusta más ese tipo de fiesta, en la que no eres más que un consumidor de ocio enlatado, prefabricado e individualista, pero eso sí, con baso reciclable.
Y para que hablar de la estupidez nacionalista de acusar a todo lo que rodea a la Fiesta como de español rancio, imperialista y colonizador. Simplemente les invito a leer un poco de historia de Catalunya o recordar esas grandes algaradas anticlericales y anticonservadoras que se liaban en Barcelona al salir de una tarde de toreo allá a finales del S.XIX o la antiquísima plaza de Olot, etc. Por cierto las hordas opresoras charnegas todavía no se habían asentado con sus brutales costumbres……
Yo siempre fui de José Miguel Arroyo "Joselito", y como no, de José Tomás.
A sus pies, José de Arimatea. No podías haber expresado mejor lo que quería decir.
Totalmente de acuerdo con ese carácter popular de la Fiesta. Como tantas otras manifestaciones culturales profundamente arraigadas en la sociedad española, serán moralmente discutibles y más o menos anacrónicas pero cumplen una función social importantísima que ya apuntaba José de Arimatea cuando menciona la cohesión social, el sentimiento de pertinencia a un pueblo, etc. Además, también es cierto que la tauromaquia no es de ni de izquierdas ni de derechas. Incluso me atrevería a decir que no es ni de españolistas ni de nacionalistas (los de ERC&CO se guardan mucho de criticar los toros en según que localidades catalanas que guardan auténtica devoción de sus fiestas populares en donde el protagonista es el toro).
Seguramente es cierto que el sentimiento taurino decrece por momentos y es más que probable que acabe desapareciendo en pocas décadas. Tampoco engañamos a nadie si admitimos que en Catalunya, salzo zonas muy específicas, no goza de un apoyo masivo del publico. Las pocas veces que he ido a la Monumental he visto una gradería en el que habían más guiris que aficionados autóctonos, por cierto con una media de edad que doblaba la mía.
En fin, será otra práctica cultural que desaparecerá pero no por eso dejamos de ejercer el derecho al pataleo los cuatro gatos que apreciamos el noble arte del toreo.
Apreciado Fabrizio,
Coincido en la crítica al nacionalismo interesado y manipulador en el tema del los toros.
Ciertamente los toros (y el trato que se les da) no es ni de derechas ni de izquierdas; ni españolista ni catalanista.
También coincido en que la vida que puedan tener estos animales hasta el dia de la corrida es bastante plácida, para ser un animal en estado semisalvaje.
Hasta aquí sin objecciones.
El problema lo veo en que no entiendo cómo, a partir de estas premisas, se acaba justificando el sufrimiento de los bichos en cuestión.
No voy a caer en tu provocación (ésta ha sido muy débil, me extraña en tí) sobre hacerse vegetariano o a tu alusión al dolor de las plantas. Pobre agua... bebida por los asesinos labios de Fabrizio... seamos serios.
Y evidentemente que las condiciones de vida de gallinaceas, porcinos y demás son lamentables y, además, afectan a la propia calidad de sus carnes para el disfrute (necesario, ésto sí) de sus carnes.
A Pepinho Blanco de Arimatea no le voy a contestar porque, como ha quedado claro:
1. No ha rebatido ninguno de mis argumentos.
2. Ya sabemos cómo es y no hay que hacer más caso del necesario a un pseudoPepe Carvalho frustrado.
Amic Tomaquera,
Comparto contigo el deseo que los animales, todos sin excepción, gocen de una vida digna y una muerte sin sufrimiento. Esto no excluye, cruel paradoja, que la mayoría de los humanos necesitamos de la carne animal para alimentarnos. Hay gente que opta por el modo de vida vegetariano, opción que me parece muy respetable, pero desde luego no es mi opción. Precisamente porque me alimento en parte de carne animal desearía que los mismos hubiesen disfrutado de esa vida y muerte digna que para ellos reclamo. Entiendo que, siguiendo con la misma línea de argumentación, te pueda parecer paradójico que defiende los toros pero lo que quería decir es que me parece ridículo que exista un colectivo antitaurino y no exista un colectivo antigallináceo, por decir algo. Si atendemos al número de toros que mueren en los ruedos y a cómo viven los mismos y lo comparamos al número de gallinas que mueren para satisfacer nuestras necesidades y a cómo mueren, creo que es de justicia preocuparnos más por las gallinas que por los toros.
Si, además, resulta que, como bien describe José de Arimatea, esta práctica cultural está profundamente arraigada en el imaginario popular español, pues todavía lo entiendo menos.
Tal vez sea porque yo no sea un amante de los animales (aunque, reitero que esto no excluye que les desee una buena calidad de vida) pero el caso es que nunca he alcanzado a comprender porque suele dar más pena la muerte de un animal grande que de uno pequeño. No sé porque éticamente vale más un caballo que un caracol. ¿Alguien me da una pista?
Cuanto más evolucionado es un animal, más complejo es su sistema nervioso y mayor su capacidad para sentir placer o dolor. Por ello un caracol es menos sensible que un humano, o una ameba que un caracol.
Dicho lo cual, aunque no me atrae la tauromaquia práctica, nada encuentro más pesado e hipócrita que los antitaurinos profesionales o los animalistas de salón.
S.M.
Me parece interesante tu argumentación, Scripta Manent pero no me acaba de convencer. Que un animal, por su tamaño, tenga una mayor capacidad para sentir el placer y el dolor me parece que le hace más atractivo pero no menos merecedor de un trato digno. En cualquier caso, a mi también me parecen muy pesados los antitaurinos (a excepción de Tomaquera, claro).
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